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miércoles, 10 de septiembre de 2014

¿Qué dice la Biblia sobre los hijos?

Últimamente está habiendo bastantes cambios en la familia. Cosas que ya dábamos por perdidas o que ni siquiera nos planteábamos aparecen con fuerza en la escena familiar, aunque quizás la mejor sorpresa de todas ha sido descubrir que nuestro cuarto bebé está en camino. A pesar de que todavía tenemos un bebé en casa de poco más de un año, estamos felicísimos.

Los que no han parecido tan felices son algunas personas de nuestro entorno. La mayoría se han alegrado con nosotros, pero algunos han puesto el grito en el cielo como si fuera una tragedia, lo que realmente me ha llevado a pensar que poca gente, incluso personas medianamente religiosas, se han preocupado de investigar lo que dice en las Sagradas Escrituras sobre los hijos.

Después de tiempo de estudio, llegamos a la conclusión general que en la Biblia los hijos aparecen SIEMPRE como un regalo, de hecho en muchas partes del antiguo testamento la fidelidad de un pueblo se veía recompensada con la fertilidad de mujeres y animales y la infidelidad del modo contrario, de manera que ni el ganado procreaba ni los hombres tenían descendientes. Hay muchos ejemplos en el Antiguo Testamento sobre esto, por ejemplo en Deuteronomio 28,  Moisés enumera la fertilidad de tierras, animales y personas como recompensa a la fidelidad a la alianza del pueblo de Israel establecida con Dios.

Si seguimos leyendo seguimos encontrando la visión de los hijos como regalos, como bendiciones, de forma muy diferente a la que se ve hoy en día en nuestra sociedad cuando ya con el tercer hijo la gente comienza a mirarte frunciendo el ceño. De hecho, no existe ni un solo pasaje de la Biblia que describa los hijos en términos negativos, por muy torcido que pueda salir en el futuro. Siempre son descritos como una bendición o como un regalo ya que, ese cuerpecito diminuto, encierra un alma inmortal; ambas creando un solo ser que es hecho a imagen y semejanza de Dios.
 
Un salmo que a nosotros nos ha ayudado mucho en este caminar hasta vivir este aspecto del matrimonio con generosidad y sin miedos es el siguiente:
 
"Mirad: la herencia del Señor son los hijos, su recompensa, el fruto de sus entrañas. Como flechas en la mano del guerrero, así son los hijos de la juventud. Dichoso el hombre que ha llenado de ellos su aljaba. No quedarán avergonzados al disputar en la plaza con sus enemigos. (Sal 127, 3-5)"
 
Este salmo presenta para mi tres puntos importantes:
 
  1. -Los hijos como herencia de Dios. Los hijos no son "nuestros", son personitas que Dios nos confía para que cuidemos y eduquemos puesto que de Él somos y a Él volveremos.
  2. -La visión de los hijos como algo bueno. El salmo habla en términos bélicos usando palabras como guerrero, flecha, aljaba... y como explica "dichoso el hombre que ha llenado de ellos su aljaba", en ningún momento marca el prototipo de los dos hijos que marca nuestra sociedad, más bien lo contrario.
  3. -El papel del padre/ madre en la crianza de estos hijos, ya que no se trata de tener cuántos más mejor, sino de que sean flechas, si; pero flechas que se han trabajado, pulido y educado para que sean útiles en manos del guerrero (su padre/madre) y vivan cara a Dios como buenos cristianos que queremos que sean.
 
Quizás la mayoría de nosotros deberíamos orar más, para apartar la mentalidad mundana que, queramos o no se inmiscuye en nuestras cabezas sobre este tema y pensar: ¿estoy aquí para cumplir la voluntad de Dios o la mía? Estamos seguros de que cada uno podrá encontrar la respuesta en su oración personal.
 
 
 
 
                                                

sábado, 20 de julio de 2013

Un nuevo miembro en la familia

Por fin nació Juan Pablo, nuestro tercer hijo. Su llegada ha sido una gran alegría para toda la familia, en especial para nosotros, sus padres, y para sus dos hermanos de cinco y seis años que lo esperaban con mucha ilusión. A pesar de nuestros miedos iniciales por si los otros dos niños iban a estar celosos por tener que compartir la atención de mamá y de papá con el bebé, ambos se han mostrado encantados de ser uno más en casa. 

Situaciones cotidianas que vivimos día a día en la rutina diaria, confirman algo de lo que ya estaba convencida: las oportunidades de educar en los valores cristianos y humanos que queremos para nuestros hijos, son más fáciles de transmitir en un hogar con varios hermanos. Por ejemplo los niños comprenden y aprenden que ellos no son el centro del universo, que, muchas veces, las necesidades de los demás (de un hermano más pequeño en este caso) son cubiertas antes que las suyas, que hay que entender y disculpar cuando otro es pesado o llora porque tiene sueño, que papá y mamá hacen lo que pueden y que hay que ayudar a mantener la casa ordenada y ocuparse ellos mismos de pequeñas tareas que pueden hacer sin ayuda en lugar de quedarse sentados esperando a que alguien se lo haga. Es decir, los hermanos aprenden a ser más generosos, comprensivos, autónomos y colaboradores, así como a preocuparse por los demás, a sentirse parte del "equipo" que es nuestra familia y a estar alegres por darse (en la medida de sus posibilidades) a los que le rodean. Y todo esto esto lo aprenderán de forma natural, porque lo verán en su hogar y les saldrá a ellos mismos sin mayor esfuerzo. 

Esto es real, nosotros lo hemos experimentado en el mes que lleva Juan Pablo en casa. A pesar de todo, seguimos escuchando los comentarios de gente que no comprende que algunos queramos tener más hijos que "la parejita" de rigor, aludiendo a que es una locura, que con el trabajo que dan.. y cuestiones varias tan de moda hoy en día. Pero la que más me llamó la atención y que fue tema de conversación en casa fue la de un vecino que le dijo a mi marido (así, sin que nadie le preguntara) que a él pensaba que tener más de dos hijos era una irresponsabilidad ya que él quería darle a sus hijos "lo mejor". Cuando mi marido volvió y me contó la conversación con el vecino en cuestión, estuvimos hablando acerca de que era aquello mejor que él pensaba que le podía dar a sus hijos. ¿Un dormitorio para cada uno? ¿Una televisión en cada habitación de la casa? ¿Ropa nueva cada temporada? ¿Tantas actividades extraescolares que no les quede ni tiempo para jugar? ¿Yogures que no sean de marca blanca?

Después de todo nos pareció hasta ridículo comparar estas supuestas ventajas materiales con la alegría de una nueva vida, del amor que se refuerza entre los esposos al ver al nuevo niño que han traído al mundo y necesita tanto de ambos, de los hermanos que se sienten mayores y colaboran en todo lo que pueden y agradecen el nuevo hermanito que dentro de pocos meses será otro compañero de juegos, de cada pequeño gesto del recién nacido que nos deja a todos embobados... Y, después de todo, sabemos que todo pasa, lo material se estropea, el cansancio físico por la falta de sueño se supera, y que lo que permanece con el paso de los años es la familia y el verdadero amor que se da y se recibe en ella.